En Chiguayante, el crecimiento urbano empuja la infraestructura hacia terrenos donde la geología manda. Las terrazas fluviales del río Biobío, compuestas por arenas limosas y gravas en matriz arcillosa, presentan un reto particular para cualquier obra subterránea. Un túnel en suelo blando no se diseña con fórmulas genéricas; requiere entender cómo se comporta ese depósito aluvial bajo confinamiento. El análisis geotécnico para túneles en suelo blando en esta comuna define la viabilidad del proyecto. Hemos visto cómo variaciones menores en el contenido de humedad, típicas en la estación lluviosa de Chiguayante —con precipitaciones que superan los 1100 mm anuales—, modifican drásticamente la resistencia al corte. Por eso, la caracterización previa debe incluir ensayos triaxiales no drenados y una evaluación precisa del estado de tensiones in situ. Para complementar esta etapa, un ensayo CPT aporta un perfil continuo de la resistencia de punta, ideal para detectar lentes de material suelto en el trazado del túnel.
Un túnel en suelo blando falla por el frente, no por el revestimiento; el control de la presión de soporte es todo en Chiguayante.
