El crecimiento urbano de Chiguayante, extendido sobre las terrazas fluviales del río Biobío y las laderas de la Cordillera de la Costa, ha multiplicado las intervenciones que requieren cortes y rellenos controlados. Con más de 85.000 habitantes en una zona de alta sismicidad, cada proyecto de edificación o vialidad enfrenta el desafío de contener desniveles que a menudo superan los 2 metros de altura. La experiencia en obra demuestra que un diseño de muros de contención mal dimensionado en estos suelos puede derivar en deformaciones inaceptables durante un sismo moderado. Para evitarlo, el análisis debe partir de una caracterización precisa del perfil estratigráfico, considerando la presencia de arenas limosas y suelos residuales de origen granítico típicos del sector. Complementamos el estudio con un ensayo CPT cuando se requiere un perfil continuo de resistencia en profundidad, indispensable para modelar el empuje sísmico activo según las disposiciones de la NCh433.
El coeficiente sísmico horizontal en Chiguayante exige muros diseñados para soportar aceleraciones superiores a 0.3g sin perder funcionalidad.
