La cuenca del Biobío, donde se asienta Chiguayante, está caracterizada por depósitos fluviales y sedimentos finos que, combinados con una napa freática alta a menos de 2.5 metros en varios sectores ribereños, presentan condiciones propicias para la licuefacción durante un evento sísmico mayor. El terremoto del 27F de 2010 dejó evidencias claras de este fenómeno en la región, con afloramientos de arena y asentamientos diferenciales que afectaron estructuras en la zona. Por ello, un análisis de licuefacción en Chiguayante no es un trámite administrativo, sino una necesidad técnica ineludible para cualquier proyecto que busque estabilidad a largo plazo. Aplicamos metodologías simplificadas basadas en el factor de seguridad propuesto por Seed e Idriss, correlacionando resultados de campo como el ensayo SPT con la granulometría del estrato, para determinar si el suelo perderá su resistencia al corte bajo carga cíclica.
La evaluación del potencial de licuefacción transforma la incertidumbre sísmica en un parámetro de diseño cuantificable, permitiendo anticipar el comportamiento del suelo antes de que ocurra el sismo.
